martes, 30 de marzo de 2010

Se acaban los adjetivos para calificar la intensidad o lo advenedizo de los sentimientos.

Hay días en los que hasta a una persona a quien le encanta escribir se le acaban las palabras. Se acaban los sustantivos para llamar al amor, a la vida o al sufrimiento, se acaban los adjetivos para calificar la intensidad o lo advenedizo de los sentimientos, hoy creo que es uno de ellos para mí. Hoy se cerró el silabario astral del que fluyen bellas frases entorchadas con matices perfectos que hacen sentir a los insensibles, a pesar de ello creo que todavía quedan en mi cincel algunas sílabas que, una a una, pueden formar palabras, oraciones y párrafos que puedan expresar lo que siento por vos.

La escasez de palabras y el excedente de ideas son una mala combinación para un corazón que está arremetiendo contra una lengua que se esfuerza por esbozar vocablos que se despeñan a razones inimaginables, las idean tratan de tomar forma en el ímpetu momentáneo de mis emociones, el resultado es a veces una pausa eterna o un sinsentido excéntrico, a pesar de eso, sólo quiero decirte gracias.

No un gracias infantil a una golosina, no un gracias entre dientes  al compromiso de un presente no deseado. Gracias porque aunque ni vos ni yo hemos comprado el porvenir, estas semanas las has alumbrado con la luciérnaga de tu presencia. Gracias porque al escribir la compilación de los últimos días vividos puedo ver que el resultado es positivo.

Aquí ante la puerta del futuro, simplemente espero que me dejes tomarte de la mano, que tomemos un respiro y sigamos caminando juntos . Hoy quisiera tener las palabras mágicas, el “ábrete sésamo” de tu corazón, quisiera decirlas, gritarlas y que el mundo las oyera. Sé que tenemos una sensibilidad diferente, yo a las palabras, vos a la música, pero desearía tanto tener la tonada correcta para poner la armonía en este escrito para que se filtre dentro de vos de la manera que la lluvia baña las entrañas de la tierra. Quizá no puedo tomar una armónica y hacerte llorar con mi música, no puedo robar al polluelo de gorrión su voz y regalarte el canto matutino bajo la frescura de la lluvia, pero puedo tomar prestadas las palabras y la música de un alma sensible y dedicártelas al hacerlas mías. Las palabras se niegan a fluir, hoy estoy seco de ellas, sólo me resta decirte “qué bonito sentir que estás aquí junto a mí”.

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